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El Blog de Kohji—Sobre Diseño y Otras Yerbas

Noboru Kubo, el artista detrás de la pantalla

October 14th, 2007 · 1 Comment · cine, diseño, diseño editorial, diseño japonés, revista, tokio

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El Nirvana del cine no está en California sino en Ome, en el extremo oeste de Tokio. En las calles del pueblo se codean John Wayne con Audrey Hepburn y Charles Chaplin con Toshiro Mifune. Claro que lo hacen desde los carteles de películas, esos anuncios “retro” pintados a mano.

El autor de estos fantásticos pósters es Noboru Kubo, quien de pequeño vivía a una cuadra de un cine y al volver de la escuela quedaba hipnotizado por los descomunales carteles de las estrellas del cine. A los 16 entró como dibujante aprendiz en una agencia de publicidad del pueblo, pero durante seis meses sólo le dejaron limpiar el piso de la oficina. Obstinado, no dejó de bocetar sus ideas en su libreta personal y logró su primera oportunidad cuando negoció pintar carteles para un cine del barrio a cambio de los materiales. Así, a sus 18 años (1959), Kubo pintaba los carteles de tres cines de Ome. Le llovían los encargos del género preferido del artista, las películas “chambara” (cine B de peleas con katana) esas que también le gustan a Tarantino.
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En la época del auge del cine japonés (años 50 a 60), directores como Kenji Mizoguchi, Yasujiro Ozu o Akira Kurozawa realizaron producciones que trascendieron las fronteras del país, donde las salas sobrepasaban las 7.000. En esos años Kubo pintaba un cartel por día y en temporada alta, le encargaban hasta tres películas semanales. La decadencia comenzó en los 70, donde se redujeron a menos de la mitad con el avance de la televisión. Ome se quedó sin linterna en 1973, cuando se apagó su última sala. Entonces tuvo que cambiar las divas por clientes menos glamorosos como los políticos y los comerciantes del barrio. Su revancha llegó al cabo de veinte años, cuando el festival de arte local lo rescató y de nuevo el cine brilló en su brocha.

A los 66 años, le encargan unas 30 piezas al año y le dedica alrededor de una semana a cada una. Diariamente utiliza carbonilla y pigmentos naturales (doroenogu) de cinco colores básicos (rojo, amarillo, azul, blanco y negro) que pulveriza y mezcla con un fijador natural (nigawa), una sustancia gelatinosa que resulta de hervir huesos de ballena y de otros animales. Por tratarse de una técnica con materiales orgánicos, la mayoría de los carteles de la ciudad de Ome están expuestos al deterioro de los agentes ambientales y aunque sabe que desaparecerán poco a poco, prefiere expresarse en su estilo de colores vibrantes que data de la época Edo (1603-1868).

“Japón moderno sigue siendo creativo”, afirma, “pero es sumamente difícil encontrar gente a la que le interese pintar con materiales rudimentarios y dejar de usar sus computadoras sofisticadas para hacer sus dibujos”. Dice ser un simple profesional que aprendió a pintar “un poquito mejor” que el promedio. “Valoramos las cosas cuando comenzamos a perderlas”, remarca Kubo, a quien le gustaría que la generación digital de diseñadores tome conciencia de ello.

La portada de Metropolis de esta semana fue una ilustración que realicé a partir de una foto del artista y aunque me quedé con ganas de dedicarle más tiempo, creo que las pinceladas de mi mouse logran transmitir algo de su carisma.

Algunos de los 3,000 carteles que ha pintado el maestro se pueden ver tomando el JR de la línea Chuo que sale de Tokio hacia Ome y trasbordando en Tachikawa. En total es 1 hora y 20 minutos. También se despliegan en las páginas de “Japanese Movie Billboards, Retro Art from a Century of Cinema”, un libro editado por DH Publishing Inc.

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1 response so far ↓

  • 1 Marie // Apr 9, 2009 at 2:10 am

    Normalmente no publicar en tu blog blogs pero me obligaron a, increble trabajo .. hermoso …

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