Es el primer héroe de manga recreado como anime en la TV norteamericana. Su creador, Takashi “Bob” Okazaki (33) hizo debutar al samurái afro en un fanzine en sus épocas de estudiante (Nounouhau, 1998), pero no tuvo mucho vuelo. Afro triunfó en formato animado en un proyecto realizado en EEUU con la coproduccción de Samuel L. Jackson, quien quiso ser más que un asesor y se convirtió en la voz del héroe cabelludo.
Ahora llega a Japón reeditado en un largometraje. Se estrena el sábado 27 en Cinema Rise de Shibuya.
Afro Samurai muestra escenas de sexo y lenguaje obsceno, las que fueron censuradas en la pantalla chica, pero no en la versión DVD, donde se lo puede escuchar hablar en ebonics.
Inicialmente fueron una miniserie de 5 episodios (cada uno de 25min.) trasmitidos por SpikeTV en EEUU en enero de este año, como también por Bravo en Inglaterra y MTV en Australia. La producción está a cargo de la firma japonesa Gonzo.
También hay un exhibición de las obras de Takashi Okazaki en Gallery of Fantastic Art en el barrio de Aoyama hasta el 4 de Nov.
El Nirvana del cine no está en California sino en Ome, en el extremo oeste de Tokio. En las calles del pueblo se codean John Wayne con Audrey Hepburn y Charles Chaplin con Toshiro Mifune. Claro que lo hacen desde los carteles de películas, esos anuncios “retro” pintados a mano.
El autor de estos fantásticos pósters es Noboru Kubo, quien de pequeño vivía a una cuadra de un cine y al volver de la escuela quedaba hipnotizado por los descomunales carteles de las estrellas del cine. A los 16 entró como dibujante aprendiz en una agencia de publicidad del pueblo, pero durante seis meses sólo le dejaron limpiar el piso de la oficina. Obstinado, no dejó de bocetar sus ideas en su libreta personal y logró su primera oportunidad cuando negoció pintar carteles para un cine del barrio a cambio de los materiales. Así, a sus 18 años (1959), Kubo pintaba los carteles de tres cines de Ome. Le llovían los encargos del género preferido del artista, las películas “chambara” (cine B de peleas con katana) esas que también le gustan a Tarantino.
En la época del auge del cine japonés (años 50 a 60), directores como Kenji Mizoguchi, Yasujiro Ozu o Akira Kurozawa realizaron producciones que trascendieron las fronteras del país, donde las salas sobrepasaban las 7.000. En esos años Kubo pintaba un cartel por día y en temporada alta, le encargaban hasta tres películas semanales. La decadencia comenzó en los 70, donde se redujeron a menos de la mitad con el avance de la televisión. Ome se quedó sin linterna en 1973, cuando se apagó su última sala. Entonces tuvo que cambiar las divas por clientes menos glamorosos como los políticos y los comerciantes del barrio. Su revancha llegó al cabo de veinte años, cuando el festival de arte local lo rescató y de nuevo el cine brilló en su brocha.
A los 66 años, le encargan unas 30 piezas al año y le dedica alrededor de una semana a cada una. Diariamente utiliza carbonilla y pigmentos naturales (doroenogu) de cinco colores básicos (rojo, amarillo, azul, blanco y negro) que pulveriza y mezcla con un fijador natural (nigawa), una sustancia gelatinosa que resulta de hervir huesos de ballena y de otros animales. Por tratarse de una técnica con materiales orgánicos, la mayoría de los carteles de la ciudad de Ome están expuestos al deterioro de los agentes ambientales y aunque sabe que desaparecerán poco a poco, prefiere expresarse en su estilo de colores vibrantes que data de la época Edo (1603-1868).
“Japón moderno sigue siendo creativo”, afirma, “pero es sumamente difícil encontrar gente a la que le interese pintar con materiales rudimentarios y dejar de usar sus computadoras sofisticadas para hacer sus dibujos”. Dice ser un simple profesional que aprendió a pintar “un poquito mejor” que el promedio. “Valoramos las cosas cuando comenzamos a perderlas”, remarca Kubo, a quien le gustaría que la generación digital de diseñadores tome conciencia de ello.
La portada de Metropolis de esta semana fue una ilustración que realicé a partir de una foto del artista y aunque me quedé con ganas de dedicarle más tiempo, creo que las pinceladas de mi mouse logran transmitir algo de su carisma.
Algunos de los 3,000 carteles que ha pintado el maestro se pueden ver tomando el JR de la línea Chuo que sale de Tokio hacia Ome y trasbordando en Tachikawa. En total es 1 hora y 20 minutos. También se despliegan en las páginas de “Japanese Movie Billboards, Retro Art from a Century of Cinema”, un libro editado por DH Publishing Inc.
Dororo narra a Hyakki Maru, un niño que al nacer le quitan 48 partes de su cuerpo por un pacto que hace su padre con 48 demonios a cambio de poder. Las partes faltantes de Hyakki Maru son suplantadas por diversas armas con las que luchará hasta recuperar nuevamente su estado “humano”. La película se estrena este sábado en todo Japón.
Esta fue la tapa que publicamos en el suple Mais (edición portugués de International Press). Este manga fue creado por el legendario Osamu Tezuka en 1967, la primera serie fue publicada en la revista Shonen Weekly hasta pasar a un anime en blanco y negro en la Fuji TV en 1969. Una segunda serie fue publicada mensualmente en la revista de manga Boken-O. Aunque Tezuka no pudo darle un final feliz a esta obra, la compañia Sega realizó una hipotético final adaptada al juego de Playstation2. Según palabras de Yoshihiro Shimizu (Manager de Tezuka Productions) en una entrevista a Sega (sólo en japonés) dice: “un niño al que le robaron muchas partes de su cuerpo pero no lo más importante, el corazón”. “…un Japón que quería que le devolvieran lo perdido en la guerra”. De alguna forma, Tezuka quería dejar un mensaje de esa época de mucha rebeldía (finales del 60).
Sobre el nombre Dororo, según cuenta Tezuka en el libro, fue porque el hijo de un amigo suyo, intentando decir “dorobo” (ladrón, en japonés) balbuceaba “dororo”. Justamente Dororo, es un niño ladrón muy “punk”, que hacía todo tipo de travesuras y a Tezuka le fascinaba el carácter de este personaje. Cuenta también, que le llegaban muchas cartas de la gente por este peculiar nombre, donde Hyakki Maru se suponía que era el héroe.
En la película, Dororo es adaptada por la actriz Ko Shibasaki. La escenas fueron filmadas en Nueva Zelanda.
Elsa & Fred es la historia de amor tardío de dos vidas que al final del camino descubren que nunca es tarde para amar ni para soñar. Elsa tiene 82 y vive soñando en un momento como el de La Dolce Vita, bañándose en una fuente, con ese amor que tarda tanto en aparecer.
Fred es más joven, acaba de enviudar y mudarse a un apartamento nuevo, allí conocerá a Elsa, que irrumpe como un torbellino en su vida, dispuesta a demostrarle que el tiempo de vida que le queda es precioso, y deben disfrutarlo. El se deja llevar por el vértigo de Elsa, su juventud, su intrepidez, su hermosa locura… Es a si como aprende a vivir. Con Blanca Portillo, mejor actriz Cannes 06 “VOLVER”. (textos de Latin Beat Film Festival)
Del 16 al 22 de septiembre en AMUSE CQN de Shibuya. Latin Beat Film Festival ’06